Los adolescentes de hoy, los líderes de mañana

 

Es sabido que cada generación es única, que debe afrontar problemas y retos diferentes y que en ningún caso cualquier tiempo pasado fue mejor.

 

Simplemente fue diferente. Por ello hay que afrontar cada época con las herramientas necesarias para superar con éxito cada una de las etapas que se presentan. Los jóvenes de hoy día se encuentran ante un mundo complejo, competitivo y dominado por las nuevas tecnologías. 

  

 



La parte más emocional no siempre se trabaja suficientemente. Hay que prepararlos para el mundo real. Por ello es necesario que los adolescentes se entrenen con el fin de convertirse en los líderes del futuro. Y no solo para triunfar como profesionales, también como personas. La presión, el estrés y las exigencias pueden provocar en ellos sensación de fracaso.

 

Sin embargo, es necesario que se les eduque en el agradecimiento, la empatía, la honradez y la sinceridad. Valores que, desde la humildad, les permitirá alcanzar las habilidades necesarias para liderar en un futuro cualquier proyecto con éxito. Estas cualidades son: autoconfianza, autoestima, habilidades sociales y habilidades comunicativas.

 

A continuación apuntamos algunas de las habilidades principales de liderazgo que los adolescentes pueden desarrollar con Dale Carnegie.

 

#1. Ejercer una actitud positiva ante la vida

Resulta imprescindible que los jóvenes sepan valorar y agradecer aquello que tienen. Pero esto no debe evitar que sean conscientes de que la vida también aporta sinsabores que deben saber valorar en su justa medida sin que por ello opten por el decaimiento.

De la ingratitud y de los errores también se aprende. Tendrán que estar preparados para, como recomienda Dale Carnegie, saber “sacar provecho a los contratiempos”.

 

#2. Ganar confianza en uno mismo

La base para transmitir confianza y credibilidad es que uno mismo también crea en su potencial y en aquello que hace. La adolescencia es un momento crítico en la vida de cualquier persona. Cuestionan todo lo que les rodea y también se cuestionan a sí mismos. Por este motivo es necesario que aprendan a conocerse.

Deberían saber qué cualidades tienen y saber valorarlas. De esta forma también podrán proponerse metas reales y prepararse para alcanzar logros que les servirán para proyectar en los demás la imagen que ellos se construyan. De esta manera ganarán en seguridad y se sentirán capaces de liderar e influir en otras personas. Un requisito imprescindible para tener éxito y liderar un equipo.

 

#3. Hacer aflorar el potencial

Una vez que conozcan sus habilidades es necesario que se les acompañe para que puedan desarrollar su potencial. No basta con esperar a la edad adulta para ponerse manos a la obra.

Desde la infancia hay que procurar a los niños un entorno capaz de entender sus necesidades emocionales y de aprendizaje, y cubrirlas. De esta forma se sentirán seguros y empezarán a creer en ellos mismos.

El acompañamiento debe ser un trabajo coral entre la familia y la escuela. Ni todos los alumnos son iguales ni tampoco todos los hijos. Más tarde, en la edad adulta la persona se sentirá más capaz de enfrentarse al mundo laboral con éxito.

#4. Aprender a relacionarse con otras personas

Las habilidades sociales son básicas para poder entender a los demás y a uno mismo. Un buen líder siempre estará en contacto con nuevas personas y a lo largo de su vida conocerá a otros profesionales. Así, niños y adolescentes tienen que cultivar sus amistades y alentarles a que mantengan relaciones interpersonales satisfactorias.

No cabe instalarse siempre en la queja y en la crítica. Deben saber escuchar, animar a sus amigos a que les expliquen sus preocupaciones e interesarse de forma sincera por los demás para fortalecer sus relaciones. Si ellos se sienten cómodos con las personas, éstas también se sentirán bien con sus líderes.

 

#5. Desarrollar habilidades de comunicación

Saber comunicarse con nuestros semejantes es una cualidad que también se puede aprender. La timidez o el miedo se pueden vencer. Y una vez que ganamos en empatía y confianza podremos desarrollar una comunicación efectiva. Es decir, que sean capaces de influir en los demás. De persuadir. Y de defender criterios y opiniones.

Este último requisito habrá que aprenderlo ya que la defensa se tiene que realizar sin ofender. La diplomacia y el tacto son innatas a un líder. La buena comunicación tendrá que ejercerse tanto a nivel interpersonal como a la hora de hablar en público. Desde pequeños, las escuelas deberían enseñarles a organizarse el discurso, a comunicar de forma sencilla y, sobre todo, a expresarse con sinceridad de forma que quien escuche confía en la persona y en el mensaje que se le quiere transmitir.

 

#6. Manejar el estrés

Cuando alguien confía en sí mismo y en aquello que quiere transmitir empieza a relajarse. Aún así, debe aprender a alejar las preocupaciones. Instalarse en ellas puede convertirse en un hábito. La ansiedad y el nerviosismo acaban bloqueándonos e impidiendo que alcancemos nuestros objetivos.

Los jóvenes tienen que saber cómo controlar sus impulsos, sus preocupaciones. Al tiempo que se reduce el estrés se mejora también la actitud. Una predisposición positiva ante cualquier reto ayuda a alcanzar el éxito. Es lógico que los niños y adolescentes, que se están preparando para el mundo real, también aprendan a tolerar la frustración. Como decía Dale Carnegie “construye el éxito a través del fracaso”.

 

#7. Trabajar en equipo

Ser líder no siempre comporta ser la persona más inteligente del grupo. Es importante que los jóvenes sepan escuchar a los demás para aprender de ellos. Un buen líder siempre forma parte de un equipo que utiliza de forma adecuada las capacidades de cada uno de sus miembros. Aunque es evidente que no todos podrán situarse al frente del grupo. Por eso el éxito de un líder radica también en conocer a sus compañeros de viaje y sus habilidades y saber utilizarlas en cada momento.

 

La honestidad y la humildad serán la base para que el adulto futuro reconozca la importancia de trabajar en equipo. Por supuesto, habrá que enseñar a los adolescentes a ser justos y ofrecer las mismas oportunidades a aquellos que quieran formar parte de un mismo proyecto.

En definitiva, los niños y adolescentes deben aprender a que el mundo adulto no tiene respuestas para todo, ni tampoco soluciones. Serán ellos los que tengan que buscarlas en función de cada uno de los retos que se les presente. Por tanto, la serenidad y la confianza en ellos mismos les servirán para afrontar sus objetivos también con ingenio. Siempre tendrán que pensar en un plan B si el A no ha acabado de funcionar y esto evitará que se rindan ante un fracaso.

 

A pesar de su alta autoestima deberán aprender a no subestimar nunca a nadie. Igual que un equipo necesita a un líder, éste también requiere de las aportaciones de sus miembros. Cuanto más amplia y diversa sea la red de amigos de un adolescente, mayores probabilidades tendrá en el futuro de convertirse en un líder con éxito.

 

 

Programas Dale Carnegie

 

Los programas Dale Carnegie para Jóvenes les proporciona habilidades que necesitan para establecer y alcanzar sus metas, y desempeñarse con su máximo potencial en la escuela, casa y trabajo. Llámanos y te explicaremos cómo.

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