Aprender a decidir es vivir con intención

 

A diario tomamos decisiones de más o menos relevancia. Algunas de ellas, por pequeñas que parezcan, pueden cambiarnos la vida. Sea cual sea el caso, lo importante es asumir la responsabilidad de nuestras decisiones sin que otros o la misma vida lo hagan. En otras palabras, tomar las riendas de nuestra vida y dirigirnos a nuestro destino con intención.

  

 



Siempre es mejor decidir

 

Hay personas que buscan que las cosas ocurran, otras que ven cómo las cosas ocurren y por último, las que no se enteran de que las cosas han ocurrido.

 

Tomar decisiones de forma consciente significa no dejarnos llevar y dirigir nuestro timón hacia un rumbo deseado. Este destino debe tener en cuenta nuestros valores y estar de acuerdo con la manera en la que deseamos vivir. Aunque nos equivoquemos, esta actitud siempre es mejor que ver la vida pasar…

 

Todo lo que hacemos tiene consecuencias; no hacer y no decidir también las tiene. Es más, esta última opción suele ser perjudicial porque es muy difícil que coincida con nuestros deseos. Dale Carnegie apostaba por vivir con intención tanto en la vida personal como en la profesional. Él defendía no dejarse arrastrar por las decisiones de los demás ni permitir que la vida decida por nosotros.

Por tanto, entre decidir y no decidir, siempre es mejor decidir, aunque nuestra opción resulte equivocada. Si tomamos un camino persiguiendo un objetivo acorde con nuestros valores, las decisiones siempre serán válidas. Lo importante es que emanen de nosotros y tengan una finalidad.

 

La presión de la toma de decisiones

 

La toma de decisiones puede producir ansiedad. Sobre todo cuando nos jugamos mucho, cuando las decisiones involucran a terceras personas, cuando no tenemos toda la información necesaria o cuando poseemos demasiada.

En muchas ocasiones tomamos decisiones con una sola cosa en mente: no fallar nunca. Paradójicamente, aparte de imposible, esto suele ser un error.

 

Existen métodos que nos aconsejan decidir de forma racional, procurando evitar el exceso de confianza o el inmovilismo. No obstante, recientes estudios científicos indican que un punto de vista demasiado racional puede limitarnos y llevarnos a un camino equivocado. Un exceso de racionalidad también subestima la intuición y la creatividad, ingredientes muy útiles en la toma de decisiones.

 

Otro gran enemigo es la aversión al riesgo. En algunas ocasiones, no arriesgar supone dejar pasar buenas oportunidades. En todo caso, si fallamos, podemos aprender de nuestros errores. Dale Carnegie apuntaba que reconocer los fallos es una práctica necesaria para avanzar en la vida personal y profesional. No existe una varita mágica para conocer cuál es el mejor camino. Lo seguro es que no decidir, siempre es una opción fallida.

 

Consejos para la toma de decisiones

 

#1. Tomar decisiones cuando estamos relajados

Es importante decidir cuando estemos descansados. Si nos encontramos agotados o no hemos dormido bien, no es el mejor momento. En estas situaciones no vemos las cosas con claridad. Es necesaria una mente despejada para facilitar que lleguen las buenas decisiones. En este sentido, debemos sentir un equilibrio entre cuerpo, mente y emociones.

Seguramente a muchos de nosotros nos llegan las respuestas cuando estamos descansando o cuando soñamos. La explicación es que en estos momentos nos encontramos destensados y no tenemos perturbaciones que nos causan estrés.

La situación ideal es tomar decisiones en lugares apacibles donde nos encontremos a gusto. La falta de tiempo puede ser un inconveniente para encontrarlos. En todo caso, lo recomendable es tomar tiempo y distancia e imaginar cómo sería nuestro mundo en una situación o en la otra.

 

#2. Disponer de la máxima información posible

Es complicado tomar una decisión si antes no poseemos todos los datos sobre las distintas opciones. Para llegar a una conclusión, es importante imaginar las diferentes implicaciones de cada una de ellas. Antes de tomar decisiones, por tanto, hay que empaparse de toda la información disponible.

 

También suele ser útil imaginar las múltiples opciones. Muchas decisiones nos parecen acertadas en abstracto, pero luego resultan fatales cuando las llevamos a la práctica. Por ende, es necesario imaginarlas con concreción antes de materializarlas.

 

Asimismo, es recomendable elaborar una lista con los pros y los contras. En cuanto a los inconvenientes, es apropiado cuestionarse las siguientes preguntas: ¿Cómo afectará a mi vida esta opción? ¿Estoy dispuesto a pagar el precio?

 

Otro consejo altamente eficaz es rodearnos de personas inteligentes que tengan diferentes formas de ver las cosas. Esto nos proporcionará distintas perspectivas y nos ayudará a tomar mejores decisiones.

 

#3. Combinar la racionalidad y la intuición

El proceso racional de la toma de decisiones tiene varios pasos. El primero, es acotar el problema para luego identificar los criterios de decisión y sopesarlos. Seguidamente, es necesario generar alternativas de soluciones, evaluar cada una de ellas y elegir la mejor. Esta secuencia es recomendable sobre todo si las decisiones son complejas y pueden traer consecuencias serias, o cuando implicamos a terceros. Lo que es seguro, es que la decisión debe estar bien meditada. Sin embargo, no podemos olvidar que existen diversos estilos de toma de decisiones y que, en general, no se dan de forma pura sino que surgen de una mezcla entre intuición y racionalidad.

 

Existen personas que se muestran más intuitivas que racionales, más flexibles que rígidas, o viceversa. Tener presente estas dos modalidades y beber un poco de cada, suele ser la posición más equilibrada. También podemos movernos de uno a otro método dependiendo de la situación. Si tomamos una decisión por intuición, es recomendable justificarla con argumentos racionales para comprobar si ésta es realista.

 

Todas las facetas de nuestra vida dependen de las decisiones que tomamos. Cada una de ellas, por grande o pequeña que parezca, significa un avance en nuestra vida. Por tanto, vale la pena pararnos a reflexionar y aprovechar cada paso para avanzar en pos de nuestros sueños.

 

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